
La lesión moral se entiende como un daño psicológico profundo que ocurre cuando una persona comete, presencia o padece actos que contradicen sus valores y principios éticos más íntimos. No se trata simplemente de un sentimiento de culpa o vergüenza, sino de una herida que puede afectar la identidad, la confianza en uno mismo y en los demás, así como el sentido de propósito vital. Este impacto se manifiesta en pensamientos intrusivos, enojo persistente, retraimiento social, dificultades para dormir, síntomas de ansiedad y depresión, y en algunos casos, conductas de evitación o abuso de sustancias. Las personas que la sufren suelen pertenecer a contextos en los que se enfrentan a decisiones límite o situaciones de gran
presión, como profesionales de la salud, fuerzas de seguridad, personal judicial, docentes o periodistas, pero también víctimas y testigos de violencia o abusos. En todos los casos, la experiencia de haber actuado o presenciado algo que transgrede el propio código moral deja una marca que no desaparece con el tiempo, sino que tiende a perpetuarse si no se aborda adecuadamente.